Súper jugoso, con sabor intenso a cacao y ese toque suave y natural de la calabaza. Perfecto para cuando te apetece algo dulce sin remordimientos.
600 g de calabaza asada
150 g de harina (trigo, espelta, avena…)
80 g de almendra molida
60 g de dátiles sin hueso
60–80 ml de leche (ajustar según textura)
50 ml de aceite de coco derretido
80 g de cacao en polvo puro
1 sobre de levadura en polvo
Una pizca de sal
Nueces picadas al gusto
Chocolate negro troceado o chips (opcional)
Asa la calabaza: córtala en gajos, con piel, y hornea a 200 °C durante 40–60 minutos, hasta que esté muy tierna. Luego retira la pulpa y pesa los 600 g.
Hidrata los dátiles en agua caliente durante 10 minutos. Luego escúrrelos bien.
Con batidora, tritura la calabaza asada con los dátiles hidratados, la leche y el aceite de coco derretido, hasta obtener una mezcla cremosa.
Añade los ingredientes secos: harina, almendra molida, cacao, levadura, sal, nueces picadas y chocolate troceado.. Remueve hasta integrar bien, usa una espátula o varillas de mano, sin batir en exceso.
Vierte la masa en un molde con papel vegetal y hornea a 180 °C durante 30–35 minutos. Al pinchar debe salir algo manchado, pero no líquido.
Deja enfriar completamente antes de cortar (esto mejora mucho la textura).
Se puede congelar sin problema.
Corta en porciones, congélalas envueltas y tendrás un snack dulce y saludable siempre listo.
Cuando ases calabaza, haz más cantidad de una vez y guarda en porciones en el congelador.
Así la tendrás lista para usar en tortitas, bizcochos, salsas o lo que se te ocurra… ¡sin tener que encender el horno cada vez!