Un plato reconfortante, lleno de sabor, con el dulzor natural de la calabaza y el punto sabroso del parmesano. Perfecto para cuando te apetece algo especial pero fácil.
1,5 tazas de arroz (unos 200 g)
200–300 g de calabaza
Champiñones
Espárragos trigueros
1 diente de ajo
Caldo de verduras (unas 5 tazas aprox.)
50 g de parmesano rallado
Sal y pimienta al gusto
AOVE
Asa la calabaza: córtala en rodajas y luego por la mitad o en cuartos, no es necesario pelarlas, con un poco de AOVE y sal. Hornéala a 200 °C durante unos 40-60 minutos, hasta que esté muy tierna.
Tritura la calabaza asada con 1 taza de caldo caliente, hasta que quede una crema suave.
Vierte esa crema en una cazuela, añade el resto del caldo (unas 4 tazas más, ajusta según el arroz) y calienta todo junto a fuego medio. Esta será la base cremosa que irás usando para hacer el risotto.
En otra cazuela, sofríe el ajo picado con un poco de AOVE. Añade los champiñones y los espárragos trigueros troceados y rehoga hasta que estén dorados.
Incorpora el arroz, tuéstalo un par de minutos con las verduras.
Empieza a añadir la mezcla caliente de caldo + calabaza poco a poco, removiendo sin parar como en todo risotto. Añade más líquido cada vez que se absorba.
Continúa así durante unos 18–20 minutos, hasta que el arroz esté meloso y en su punto.
Al final añade el parmesano rallado, remueve bien y ajusta de sal y pimienta.
Resultado: un risotto ultra cremoso, con sabor suave a calabaza y lleno de verduritas.
Para este tipo de risotto puedes usar arroz bomba, que absorbe bien el líquido y queda meloso sin pasarse de cocción.
También sirven variedades como arborio o carnaroli si buscas una textura más típica de risotto italiano.
Lo importante no es el tipo exacto de arroz, sino añadir el caldo poco a poco y remover bien para que suelte el almidón y quede cremoso.