Perfectas para desayunos o meriendas, estas tortitas quedan suaves, con un toque dulce natural y llenas de sabor. Una forma ideal de aprovechar la calabaza de forma distinta.
130 g de calabaza asada
2 huevos
4–5 cucharadas de harina de avena o almendra (según textura y gusto)
1 cucharadita de levadura en polvo
Asa la calabaza si no la tienes lista (yo la tenía congelada asada): córtala en gajos con piel, hornea a 200 °C durante 40–60 minutos hasta que esté muy tierna. Luego saca la pulpa y pesa los 130 g.
En un bol, tritura la calabaza asada con los huevos hasta que quede una mezcla suave y sin grumos.
Añade la harina y la levadura. Si ves que queda muy espesa, puedes añadir un chorrito de leche.
Calienta una sartén antiadherente con unas gotas de aceite. Ve haciendo las tortitas a fuego medio-bajo, 1–2 minutos por cada lado, hasta que estén doradas.
Sirve tal cual o con tus toppings favoritos: yogur, frutas, crema de frutos secos o un poco de chocolate 85 %.
Cuando ases calabaza, haz más cantidad de una vez y guarda en porciones en el congelador.
Así la tendrás lista para usar en tortitas, bizcochos, salsas o lo que se te ocurra… ¡sin tener que encender el horno cada vez!